Te dicen: “Es desgaste, es una hernia, es artrosis, son cambios degenerativos.” Por fin parece que hay una explicación para lo que sientes.
Pruebas tratamientos, pastillas, terapias… y tal vez sientes alivio unos días. Pero luego el dolor regresa. O incluso escuchas la frase: “Es crónico. No hay cura. Tienes que aprender a vivir con esto.”
Y ahí aparece la desesperanza. El miedo a vivir así para siempre.
Los estudios no siempre cuentan toda la historia
Esto casi nadie lo dice: hay muchísima gente sin dolor que tiene “desgastes” en sus estudios.
Hernias, protrusiones, artrosis, cambios en los discos… aparecen en resonancias de personas que ni siquiera saben que los tienen, porque nunca han sentido dolor.
Son como canas o arrugas internas: señales del paso del tiempo. Pueden estar ahí… pero no necesariamente son la causa de tu dolor.
De hecho, estudios publicados en revistas médicas como The New England Journal of Medicine han mostrado que estos hallazgos son muy comunes en personas sin síntomas.
- Un estudio en The New England Journal of Medicine encontró que más de la mitad de personas sin dolor lumbar tenían hernias o desgastes en la resonancia (Jensen et al., 1994).
- Otro trabajo en la misma revista mostró que hallazgos en la columna lumbar eran comunes incluso en personas sin síntomas (Boden et al., 1990).
- Una revisión sistemática en American Journal of Neuroradiology confirmó que cambios como protrusiones o degeneración de discos son muy frecuentes en personas sin dolor (Brinjikji et al., 2015).
- En British Journal of Sports Medicine, se encontró que características de osteoartritis en la rodilla también aparecen en adultos sin dolor (Culvenor et al., 2019).
- Un estudio publicado en el American Journal of Sports Medicine encontró que muchas personas sin dolor de cadera presentaban en la resonancia anormalidades como desgarros y otros cambios (Register et al., 2012).
Todo esto apunta a la misma conclusión: no todo lo que aparece en un estudio de imagen explica tu dolor.
Entonces, ¿por qué a mí sí me duele?
- En algunos casos, el dolor puede ser mixto:
- Una parte viene de un daño real.
- Pero otra parte (y muchas veces la más grande) es el dolor aprendido por tu cerebro.
- También puede ser —y esto sucede en la mayoría de los dolores que se vuelven crónicos— que el dolor sea exclusivamente un aprendizaje del cerebro, sin relación con lo que salió en tus estudios.
Si llevas muchos meses o años con dolor que no se quita (o que va y viene), es muy probable que tu dolor sea una falsa alarma del cerebro.
Lo que yo hubiera querido saber
Yo llegué al mundo de la neurociencia del dolor buscando alternativas para mi papá. Él tenía tres hernias discales y le recomendaban una cirugía invasiva de columna.
Investigué todo lo que pude, pero siempre me quedaba atorada en la misma pregunta: “¿Cómo sé si el dolor de mi papá es estructural o es una falsa alarma?”
Viví mucho tiempo con esa incertidumbre. Y me hubiera encantado tener a alguien que me ayudara a verlo con claridad, para avanzar sin tantas dudas y con más seguridad.
Hoy, después de años de estudio y experiencia, entiendo lo que en ese momento hubiera hecho toda la diferencia. Y esa claridad es la que ahora ofrezco a las personas que están en la misma encrucijada: entre el miedo de lo que salió en sus estudios… y la esperanza real de que sí exista otra salida.
La experiencia con el dolor de espalda de mi papá me dejó algo muy claro: muchas veces la causa del dolor no está en esa parte corporal, sino en un cerebro que aprendió a mantenerse en modo alarma e insiste en proteger esa zona con dolor.
Cuando el cerebro se pasa de protector
Tu cerebro tiene una misión: protegerte. Constantemente está evaluando la información de tu cuerpo y de tu entorno para decidir si tu integridad física está en peligro.
Si detecta peligro, enciende la alarma de dolor (o síntoma) para que te atiendas rápidamente. Y a veces, en su afán de cuidarte, se pasa de la raya. Mantiene la alarma encendida incluso cuando tu cuerpo ya no está en peligro.
Por eso, aunque en tus estudios salga algo, no significa que “eso” sea lo que te condena al dolor. Muchas veces el hallazgo es secundario. La raíz está en cómo tu cerebro aprendió a responder.
Lo más esperanzador es que, aun si tu dolor es de origen mixto, al trabajarlo desde el cerebro puedes descubrir que empieza a reducirse… e incluso puede llegar a apagarse por completo. Lo he visto una y otra vez.
Lo que esto significa para ti
Que un estudio muestre desgaste, hernia o artrosis no necesariamente te condena a vivir con dolor de por vida. No significa que “ya no hay nada más que hacer”.
Y esto no aplica solamente para el dolor musculoesquelético. La misma lógica explica por qué hay personas con fibromialgia que no mejoran aunque traten cada punto de dolor por separado. Por qué el intestino irritable persiste aunque se hayan eliminado grupos completos de alimentos. Por qué las migrañas siguen apareciendo aunque lleven una vida monacal.
Y la lista sigue: fatiga crónica, cefaleas, mareos, tinnitus… síntomas que van y vienen sin explicación clara. En todos estos casos, el denominador común no está en el tejido. Está en un sistema nervioso que aprendió a sobreproteger y a mantenerse en modo alarma.
Tu cerebro puede desaprender la falsa alarma y recuperar la seguridad. He acompañado a muchas personas, con diagnósticos serios, a reducir el dolor de manera impresionante… e incluso eliminarlo.
Quiero que te quedes con esto
Tu dolor es real. Aunque tus estudios no lo expliquen del todo, tu experiencia, lo que estás viviendo y lo que sientes importa.
Si llevas meses o años con dolor y quieres explorar cómo reentrenar a tu cerebro para que deje de vivir en modo alarma, mándame un mensaje. Este puede ser tu primer paso para empezar a recuperar tu vida.
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