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Una, 47 años, México

No soportaba ya ninguna dieta, habiendo ido al nutriólogo desde los 8 años porque las niñas “llenitas” no tenían lugar dentro de mi familia. Tenía ansiedad y cada noche dormía pensando en nutella o chocolates. Estaba desconectada de mi cuerpo y mi estómago. Diana me ayudó a desclasificar la comida. No existe alimento bueno o malo, sólo momentos y deseos de nutrición por parte de mi cuerpo. Diana me ha acompañado a lo largo de los años en un viaje de paz y de aceptación con el tema de la comida.
Ahora como lo que deseo y sólo hago algunos trucos para estar pensando en la vida y no en sostenerme a base de grasa y chocolates. Es tan sensato y liberador que parece magia. Y no es magia, es situarse en la realidad de uno. Hacerse responsable de esa realidad y actuar conforme a lo que se es y se tiene.

Claudia, 50 años, México

Mis padres decían que a las personas gordas nadie las quiere, lo que derivó en desórdenes alimenticios desde los 13 años, y la creencia de que las personas delgadas son las únicas que valen. No pude disfrutar mucho mi juventud, nunca pude observarme completamente, ni valorarme en ningún sentido, no reconocía ningún logro, ningún esfuerzo, ni todas las cosas que realizaba porque vivía obsesionada con el peso. Crecer con la idea de que nadie te va a querer si eres gorda, es algo que se te queda tatuado y se convierte en el motor de tu vida. ¡Qué equivocada estaba!
Buscando en internet me encontré con Diana, y desde la primera sesión supe que era lo que estaba buscando. Diana me ha ayudado a entender a mi cuerpo, a escucharlo, a saber que la vida no es solo pensar cuantas calorías comí hoy, a tratarlo con amor, con compasión y a cuidarlo. La comida solo es combustible, y tu cuerpo para ti lo es todo. Cuídalo y ámalo tal cual, porque es lo único que te permite vivir la vida.

Eduardo, 69 años, México

Durante meses tuve fuertes dolores de espalda y piernas. El diagnóstico médico de al menos tres hernias discales exacerbó los síntomas. Diana me platicó sobre un tratamiento diferente basado en la comprensión de la forma en la que el cerebro, la mente y el cuerpo se relacionan entre sí. Leí y atendí sus recomendaciones y llevo casi tres años sin tomar ninguna medicina para el dolor y con actividad física 100% funcional.

Una, 47 años, México

No soportaba ya ninguna dieta, habiendo ido al nutriólogo desde los 8 años porque las niñas “llenitas” no tenían lugar dentro de mi familia. Tenía ansiedad y cada noche dormía pensando en nutella o chocolates. Estaba desconectada de mi cuerpo y mi estómago. Diana me ayudó a desclasificar la comida. No existe alimento bueno o malo, sólo momentos y deseos de nutrición por parte de mi cuerpo. Diana me ha acompañado a lo largo de los años en un viaje de paz y de aceptación con el tema de la comida.
Ahora como lo que deseo y sólo hago algunos trucos para estar pensando en la vida y no en sostenerme a base de grasa y chocolates. Es tan sensato y liberador que parece magia. Y no es magia, es situarse en la realidad de uno. Hacerse responsable de esa realidad y actuar conforme a lo que se es y se tiene.

Juan, 48 años, México.

Hace un par de años padecí dolor de espalda baja (lumbalgia) y ciática, insomnio, ansiedad y estrés. Aprendí el rol que juega el cerebro en estos síntomas, y que en mi caso, ese dolor y demás achaques no tenían una lógica biológica. Entender cómo se generan me ayudó a resolverlos de raíz.

Claudia, 50 años, México

Mis padres decían que a las personas gordas nadie las quiere, lo que derivó en desórdenes alimenticios desde los 13 años, y la creencia de que las personas delgadas son las únicas que valen. No pude disfrutar mucho mi juventud, nunca pude observarme completamente, ni valorarme en ningún sentido, no reconocía ningún logro, ningún esfuerzo, ni todas las cosas que realizaba porque vivía obsesionada con el peso. Crecer con la idea de que nadie te va a querer si eres gorda, es algo que se te queda tatuado y se convierte en el motor de tu vida. ¡Qué equivocada estaba!
Buscando en internet me encontré con Diana, y desde la primera sesión supe que era lo que estaba buscando. Diana me ha ayudado a entender a mi cuerpo, a escucharlo, a saber que la vida no es solo pensar cuantas calorías comí hoy, a tratarlo con amor, con compasión y a cuidarlo. La comida solo es combustible, y tu cuerpo para ti lo es todo. Cuídalo y ámalo tal cual, porque es lo único que te permite vivir la vida.

Eduardo, 69 años, México

Durante meses tuve fuertes dolores de espalda y piernas. El diagnóstico médico de al menos tres hernias discales exacerbó los síntomas. Diana me platicó sobre un tratamiento diferente basado en la comprensión de la forma en la que el cerebro, la mente y el cuerpo se relacionan entre sí. Leí y atendí sus recomendaciones y llevo casi tres años sin tomar ninguna medicina para el dolor y con actividad física 100% funcional.

Juan, 48 años, México

Hace un par de años padecí dolor de espalda baja (lumbalgia) y ciática, insomnio, ansiedad y estrés. Aprendí el rol que juega el cerebro en estos síntomas, y que en mi caso, ese dolor y demás achaques no tenían una lógica biológica. Entender cómo se generan me ayudó a resolverlos de raíz.

Margarita, 72 años, México

Me lesioné el hombro por repetidos esfuerzos con demasiado peso. Pasaron las semanas y el dolor aumentó; probé todo tipo de remedios, pero sólo me daban alivio momentáneo, y al poco rato me dolía más. Mientras más me fijaba en el dolor, más me aumentaba. En nuestras sesiones, Diana me explicó el papel del cerebro, y poco a poco, la molestia fue disminuyendo, hasta que en un par de meses desapareció completamente.

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© Todos los derechos reservados a Diana Andere.

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