Cuando comes por tus emociones

 

Si, como parte de nuestra “dieta” o de nuestro «estilo de vida”, evitamos a toda costa comer emocionalmente, estamos cayendo nuevamente en la restricción que tarde o temprano nos va a hacer tronar y acabar en un atracón.

Es normal comer por cuestiones emocionales. Todos los seres humanos comemos por alguna razón emocional en ocasiones, como sucede en celebraciones, cuando estamos felices y también cuando estamos aburridos o tristes. No hay nada inusual en ello, es un comportamiento humano perfectamente normal.

Si estamos aburridos y decidimos comer una golosina, no estamos haciendo nada malo, solamente estamos comiendo una golosina, y ya. Los problemas empiezan cuando vemos el “comer emocionalmente” como algo indebido o prohibido.

Y si esta prohibición la metemos en el contexto de la “mentalidad de dieta”, estamos en serios problemas. Si, como parte de nuestra “dieta” o de nuestro «estilo de vida”, evitamos a toda costa comer emocionalmente, estamos cayendo nuevamente en la restricción que tarde o temprano nos va a hacer tronar y acabar en un atracón.

La restricción, sea física, mental o emocional, es la que nos hace caer en conductas extremas de “todo o nada” que finalmente terminan en “mandar a volar todo” y en atasques desenfrenados que perpetúan el ciclo de “dieta-atracón-dieta”.