La forma y tamaño de tu cuerpo no determinan tu nivel de salud, sin embargo, llevar una vida con hábitos sanos que a la vez son placenteros, es lo que tiene un efecto benéfico real sobre tu salud a largo plazo.
Muchas mujeres tenemos o hemos tenido una relación tormentosa con la apariencia de nuestro cuerpo. Y por qué no habríamos de tenerla, si nuestra cultura nos bombardea con mensajes de que sólo seremos dignas de amor, aprecio y felicidad, si tenemos un cuerpo delgado. Pero no sólo delgado. También fuerte y atlético; aunque no demasiado, para no parecer “hombrunas”. Un cuerpo marcado, sí, pero también con suavidad y redondez en los lugares “adecuados”. Femenino, pero no tanto. O más bien, femenino sólo en las zonas “apropiadas”. Y claro, como la naturaleza no diseñó así el cuerpo de la mujer, pues nos pasamos nuestra vida entera luchando por obtener un ideal de belleza que no existe. Y que, si existe, es tan sólo representativo de un pequeñísimo porcentaje (alrededor del 5%) de la población total.
Pero el problema no es que sólo unos cuantos sean “guapos y delgados”. El problema es que el mensaje allá afuera es que el resto de nosotros, el 95%, estamos “mal” y debemos “componernos”. Y es justo ahí en donde empieza esta obsesión por tratar de modificar la forma y el tamaño de nuestro cuerpo. Obsesión que no sólo no logra su objetivo, sino que es causa de mucho sufrimiento. Sufrimiento innecesario, si tan sólo lográramos comprender que nuestro cuerpo no es el que está mal. Lo que está mal es el mensaje de la sociedad. Sí, la cosa está al revés, nuestro cuerpo está bien tal y como es, y los mensajes culturales son los que están equivocados.
Solía ser que esta idea de ser delgados y guapos únicamente tenía que ver con la belleza física. Sin embargo, en los últimos tiempos, este ideal de esbeltez se ha proliferado aún más bajo el “honorable” propósito de “salud”. Ya que la “salud” no es algo “superficial” como el meramente querer ser hermosa. “Salud” se ha convertido en la forma “moralmente justificable” de luchar por la delgadez. Es decir, ahora está de moda decir que estamos “a dieta” “por salud”, o que estamos “cuidando nuestro peso” “por salud” o que queremos “bajar dos kilos” “por salud”, pero la verdad, la mera verdad, es que “la salud” está lejos de ser nuestro principal motivador para adelgazar.
Matarse de hambre, alimentarse restringidamente, contar calorías, deificar alimentos, temerle a otros y ejercitarse compulsiva y tortuosamente, no son conductas que nos llevan a tener un buen estado de salud, ni físico, ni mental, ni emocional, si no todo lo contrario. Estas conductas nos meten en un estado de desequilibrio, temor y desconexión con nuestro propio cuerpo que empeora nuestra salud y que, además, genera mucha angustia y dolor.
Meramente el peso de una persona no es indicativo de su estado de salud (1). La forma y tamaño de tu cuerpo no determinan tu nivel de salud, sin embargo, llevar una vida con hábitos sanos que a la vez son placenteros, es lo que tiene un efecto benéfico real sobre tu salud a largo plazo.
El cuerpo humano es increíblemente inteligente, y es completamente capaz de autorregularse, si tan sólo lo dejamos. No es necesario “meter mano” para que el cuerpo encuentre su peso ideal y saludable, más bien debemos confiar en su sabiduría intrínseca y dejar que haga su trabajo por sí solo. Sin embargo, hemos olvidado cómo confiar en nuestro cuerpo. Ya no sabemos cómo, ni qué, ni por qué comer. Ya no sabemos cuánto ni cuándo mover nuestro cuerpo. Hemos rechazado completamente nuestra sabiduría interna para en vez obedecer ciegamente reglas externas que poco interés tienen en nuestra salud genuina y mucho tienen que ver con la industria millonaria de las dietas y la belleza.
La realidad es que pelearnos con nuestro cuerpo y tratar de someterlo no nos va a traer el amor, aceptación y aprecio que tanto deseamos. Pensémoslo así: “todos estos años de odiar mi cuerpo, de negarle alimento cuando tiene hambre, de castigarlo con ejercicio tortuoso, de humillarlo… todo este tiempo de malos tratos, lo único que mi cuerpo ha hecho es mantenerme viva, sana, respirando, dándome cada nuevo día una oportunidad para aprovechar y gozar cada minuto que tengo en este mundo. «¿Será momento de que, yo, a cambio de tanto que mi cuerpo me da, pueda comenzar a respetarlo y confiar en que siempre ha estado y estará de mi lado?”
