Permiso para comer

Para poder comer de manera normal, sana, con libertad y con placer, necesitas darte permiso incondicional para comer.

 

La certeza de que puedes comer lo que apetezcas en el momento que quieras cambia completamente to relación con la comida. ¿Por qué? Porque cuando todos los alimentos están permitidos, en las cantidades que deseas y en el momento en que los quieres, empiezan a perder su «encanto de lo prohibido». Cuando te limitas los alimentos que te encantan, o sólo te permites comerlos en ocasiones especiales, esa restricción únicamente fomenta una obsesión con la comida («el encanto de lo prohibido») que te lleva a caer en un eterno ciclo de atracones seguido por estrictas dietas.

 

Si sabes que, de ahora en adelante, la comida es simplemente comida y que la puedes comer cuando quieras, que jamás habrá un momento de restricción, las cosas empiezan a caer en su adecuada dimensión. Cuando los alimentos están permitidos siempre, ya no hay necesidad de obsesionarse con ellos al grado de convertirlos en un placer prohibido. Los comerás porque realmente los quieres, y no porque es tu última oportunidad de comerlos antes de comenzar tu dieta “el lunes”. Simplemente pasan a ser un sustento para vivir que además es delicioso, y no tu única fuente de placer ni el objeto de tus fantasías.

 

Sé que, en principio, el concepto de «permiso incondicional para comer» puede interpretarse fácilmente como «atáscate de papas y chocolates todo el día». Pero en realidad va más allá de eso. Es posible que cuando por fin te des permiso para comer lo que quieras el resto de tu vida, lo primero que quieras comer es papas y chocolates todos los días. Y esto es completamente lógico, ¡porque llevas prohibiéndotelos durante años! Seguramente los vas a comer y va a llegar un punto en el que tu paladar verdaderamente se hastíe y te pida algo diferente. Ahí es donde entra la sabiduría intrínseca de nuestro organismo. Tu cuerpo se va a autorregular en cuanto empieces a confiar en qué él sabe perfectamente bien cómo alimentarse balanceadamente. Solamente tienes que confiar en él. Créeme, tu cuerpo no te va a pedir papas y chocolates como la base de su alimentación. El permiso incondicional para comer que te estás dando, se traducirá en una gran variedad de alimentos que te brindarán placer y una dieta equilibrada.

 

Pero… debes darte permiso real, permiso físico y permiso mental. Permiso físico es el acto de comer algo físicamente. Permiso mental es que, en tu mente, todos los alimentos son moralmente iguales. Con esto me refiero a que puedes estar comiendo unos Doritos (permiso físico), pero si en cada bocado estás pensando, «esto está mal, los Doritos son dañinos, voy a engordar, etc.», en realidad no te estás dando permiso mental para comer. Y si no tienes permiso mental para comer, es como estar a dieta. En tu mente, sigues a dieta. Sigue habiendo prohibición y restricción, (aunque sea simplemente mental). Y esta restricción mental es la que debes combatir para poder tener libertad plena con la comida.

 

Para darte un genuino permiso mental debes otorgarle el mismo valor moral a la comida, dejar de pensar en términos de alimentos «buenos» y «malos». Pensar que todos los alimentos tienen una función y que la estarán cumpliendo en ese momento que tu cuerpo te los pide. Y en consecuencia, confiar en que tu cuerpo se hará cargo de dirigirte hacia una alimentación realmente balanceada y plena.

 

El permiso para comer es un tema crucial que manejo en mis consultas. Para agendar una cita y mayor información, contáctame.