Para ellos no hay una forma buena o mala de comer, ni reglas para seguir o romper, y es por esa simple razón que jamás sienten culpa.
Seguramente conoces al alguien que come lo que quiere, jamás se angustia por lo que come y, además, mantiene un peso estable. Es de esas personas que comen lo que se les antoja en el momento, lo disfrutan sin juicios y… siguen con su vida como si nada. Si comieron muchos tacos en una sentada, es sólo eso, muchos tacos y ya. No pasa nada. No hay angustias, ni remordimientos, ni planes de dietas futuras. Simplemente continúan con sus actividades sin volver a pensar en ello.
¿Cómo le hacen?
La realidad es que no les cruza por la mente el querer controlar sus comidas y su peso. No están pensando en calorías, porciones, dietas equilibradas ni macronutrientes. Sólo están comiendo porque sintieron la necesidad o las ganas de hacerlo en ese momento y punto. Comen lo que se les antojó y ya. Sin pensar más en el asunto, sin darle vueltas.
Es más, ellos ni siquiera comprenden por qué hay gente allá afuera tan obsesionada con su peso, las calorías, los nutrientes y la comida. Para ellos no hay una forma buena o mala de comer, ni reglas para seguir o romper, y es por esa simple razón que jamás sienten culpa.
Cuando te pones reglas o decides que tu comida o forma de comer es aceptable o inaceptable, empiezas con problemas, porque tarde o temprano vas a “romper” tus reglas. Y romper las reglas es lo que detona el ciclo de atracón-dieta-atracón (ej. “rompí mi dieta con este taco… pues que valga la pena… ahora me atasco el trompo completo y ya mañana hago mi detox”).
Comer es fácil y natural para ellos, se mantienen sanos, activos y contentos con su cuerpo, sin pensarlo. Ésa es la diferencia. Estas personas solamente se dejan llevar por su instinto, simplemente confían en que su organismo sabe lo que hace.
